Es la palabra que tiene entre los dientes,
colmada de luz y referencia,
primitiva y locuaz
y mi paciencia
llega a su fin.
Cómo no pasarte a otros brazos,
cuando ruges y muges
con tu voz de niña,
y con tu ropita enredada,
con tu boquita babeada.
Tus ojos curiosos miran todo,
todo lo analizan,
pero ruges
y muges
con tu voz de niña,
con tu ropita enredada
y tu boquita babeada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario