En el bosque,
entre el quebradizo café
y el puro verde
y la puerta
y tu nombre,
la luz y la sombra pisada
y una nube,
tu cabeza y la lumbre
de la noche antepasada/atempestada,
No te quiero
no te quiero
no te quiero
no te quiero.
En mi muerte
(no te quiero),
en la laguna,
en las rosas y en los pueblos,
los olores y los humos,
en el cuento y en el viento.
En la cadencia del zumbido silencioso de la cama oscura,
tu cabeza y mi cintura,
tu cabeza y la lumbre,
y la lumbre
y la fiebre de la noche atempestada/antepasada,
No te quiero
no te quiero
no te quiero
no te quiero.
Jarana Félix
jueves, 11 de julio de 2013
Que te desacostumbres
Bueno sería quebrar de tajo
tu puto egoísmo,
tu quietud, tu espacio
inútil pendejo.
Bueno sería sacarte
los ojos enajenados
de sombra y basura,
arrancarte
un día el pellejo.
Desacostumbrarte,
¡que mires con rabia la tragedia!
Cenar despacio
tu carne con grasa
sucia de comerte
lo mismo -mierda- de siempre,
de tragarte
a ti mismo siempre.
Destruir su criadero
de matanza,
malabar del cruce
de las vías alternas,
fijo de horarios,
tarugada y media.
Bueno sería poder amarte
y adornar el concreto
de esta repulsiva urbe,
revestir con saliva suave
el aire esmog...
¡Sin arte
de nada!
El esbelto paisaje
penetrarlo
hasta encontrarlo encinto
de pensamientos distintos,
transmutar su imagen.
Vaciarlo de su mal aspecto,
de su eterna cloaca.
Sería muy bueno
no solapar tu idolatría,
la pestilente gracia
con la que siempre mientes.
Lo sería
que no miraras complaciente,
que no ocultaras lo que sientes,
que sintieras.
Que murieras ahí echado
de no moverte nunca
y te pudrieras.
Ésta es la muerte de su sombra
de la que estaba harto ya.
Cuidadosa espuma que se eleva
por la pura molestia y alevosía
de haber asesinado,
de ironía y de pecado.
La muerte de su densidad soberbia
que enmascaraba las habitaciones,
y que nublaba la vista y los sueños
y los mundos.
Descontrol de esfínteres,
desefrenado trote de caballos
y cabellos rotos y venas rotas.
Es la muerte de su mugre,
de su mirada sin fin
y de la emergencia de querer salir corriendo,
emergencia de querer morir.
Para que veas
Que ahora lo que pido es
que me dejes rozarte un poco la cara
y suave, como si fuera masa,
clavar muy despacio en tus párpados mis dedos
y apretarte los ojos
y destrozarte las fosas con mi pulgar.
Apenas
y a penas
rozarte la boca
y con todo el asco que ésta me provoca,
morderte con rabia
hasta arrancarte los labios con sangre escandalosa.
Y pedirle a Dios
que te perdone
y que te cure.
Pero ahora lo que pido es
que me dejes rozarte un poco la cara
y suave, como si fuera masa,
clavar muy despacio en tus párpados las uñas
y apretarte los ojos...
mucho...
para que veas.
La mula tuerta
Cuéntame, mula tuerta,
castrada de las garras,
tus fieras ocasiones.
Muestra las pezuñas intactas
largas que lastiman,
mula tuerta prieta,
acabada de bañar te paras,
al frente de mi cara rancia
con tus barbas quemadas,
con tus dientes con sarro.
Mal vista es tu cresta,
tu patilla hasta los codos
es una cochinada.
Puerca, muévete del paso,
ahí está bien, mija, estorbando.
¡Burrrrrra! te gritan los que ignoran
tu mundo bello enlodado.
No me suena la palabra distopía,
ni tu demencia me vuelve loca.
Sólo tu carita demacrada
se revuelve con las heces hechas polvo,
volando con viento que se mete en la boca.
castrada de las garras,
tus fieras ocasiones.
Muestra las pezuñas intactas
largas que lastiman,
mula tuerta prieta,
acabada de bañar te paras,
al frente de mi cara rancia
con tus barbas quemadas,
con tus dientes con sarro.
Mal vista es tu cresta,
tu patilla hasta los codos
es una cochinada.
Puerca, muévete del paso,
ahí está bien, mija, estorbando.
¡Burrrrrra! te gritan los que ignoran
tu mundo bello enlodado.
No me suena la palabra distopía,
ni tu demencia me vuelve loca.
Sólo tu carita demacrada
se revuelve con las heces hechas polvo,
volando con viento que se mete en la boca.
Otra vez [eres] la misma canción
Las coordenadas precisas y fijas,
el destino de todo lo bello que quepa en mí,
un sonido impensable, irreducible.
Canta la pieza de los tres
y del amor profundo.
El sueño de todos los días,
otra vez [eres] la misma canción.
Otra vez la misma rima.
Ducha de vapor que sofoca
y quita la vida.
No puedo respirar,
te me hundes
muy por dentro
te me quedas.
Toca la pieza para siempre,
bien pegada.
Que no, si me quedo en la Luna.
Que no, si me bajas del cielo.
Deja la pieza en que me empujas siempremente
y te me quedas.
el destino de todo lo bello que quepa en mí,
un sonido impensable, irreducible.
Canta la pieza de los tres
y del amor profundo.
El sueño de todos los días,
otra vez [eres] la misma canción.
Otra vez la misma rima.
Ducha de vapor que sofoca
y quita la vida.
No puedo respirar,
te me hundes
muy por dentro
te me quedas.
Toca la pieza para siempre,
bien pegada.
Que no, si me quedo en la Luna.
Que no, si me bajas del cielo.
Deja la pieza en que me empujas siempremente
y te me quedas.
Como pabilo
encendido,
la punta
de la llama
en el pistilo,
huésped
de la cuna
de mi sexo.
Cuerpo recipiente
de tu cuerpo,
te esperan
mis labios
como cruzados de piernas,
mi boca
hospedera
de sememas
tuyos,
intelecto
invadido
de tu horcajadura.
Replétame
de dedos
palpados
con mis muslos,
de dedos
de olfato y gusto.
Mecha de vela
arde alta
entre mis piernas,
hervor
de imagen sonora
y sensorial
que me sopa.
Replétame
de tacto
de tacto
y de sonido,
no lo siegues,
sigue
diciendo
un poco mudo
mi nombre.
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